¿Seguridad o Legitimidad? Reflexiones desde la Urgencia de una Pedagogía del Bienestar, en el contexto de las últimas ideas legislativas para abordar la crisis de violencia en las escuelas chilenas.

El síntoma y la ceguera del control

Asistimos hoy, con el corazón apretado, a una crónica de la violencia que parece no dar tregua en nuestras comunidades educativas. Los hechos ocurridos tras el trágico ataque en Calama —donde la planificación de un joven terminó con la vida de una inspectora— han gatillado una "especie de brote por imitación" que recorre Chile de norte a sur. Pistolas en las mochilas en Curicó, amenazas de masacres con fusiles AK-47 en Villarrica, ataques con cuchillos entre niños de primaria en Renca y amenazas de tiroteos que paralizan colegios enteros desde Antofagasta hasta Punta Arenas. Ante este tsunami de miedo, la respuesta institucional no se ha hecho esperar: detectores de metales, revisiones de mochilas y proyectos de ley para endurecer las penas y modificar el Código Penal en delitos cometidos dentro de recintos escolares.

Desde mi mirada, este despliegue de medidas punitivas no es más que la manifestación de una profunda ceguera ante la crisis de sentido y comunidad que atravesamos. Al colocar los problemas graves solo como hechos policiales a resolver mediante la fuerza y la sanción, el Estado y el legislador siguen profundizando la crisis de confianza y la deslegitimación que ya tiene a nuestro sistema organizacional en jaque. Estamos intentando apagar un incendio emocional con herramientas de la era industrial.

Llevamos siglos habitando una cultura patriarcal que ha hecho del control, la dominación y la deslegitimación del otro su modo habitual de coexistir. La escuela, nacida bajo este modelo de "fábrica de adultos", ha sido el motor de regeneración de estos valores, donde la obediencia y la competencia son el eje. Lo que vemos hoy en las aulas no son "hechos aislados", sino el colapso de un modo de convivir que ha olvidado lo más fundamental de nuestra biología: que somos seres biológicos que solo florecemos en el bienestar y el amor.


La trampa de la respuesta punitiva

La insistencia legislativa en medidas como "Escuelas Protegidas" o el uso de detectores de metales refleja una obsesión por el síntoma que ignora la raíz del malestar. Como sociedad, nos hemos acostumbrado a una cultura de la deslegitimación donde todo lo que le pase al niño o joven —sus miedos, sus vicisitudes, su historia— sencillamente no importa frente al cumplimiento de objetivos o la mantención del orden.

Cuando un joven planea un ataque masivo y deja un manifiesto macabro, o cuando un niño de sexto básico ataca a otro con un cuchillo, nos enfrentamos a una crisis de autoridad y de sentido que no se resuelve con un detector de metales. Estas medidas no son más que un acto de desprecio hacia la complejidad del vivir. Al tratar a los estudiantes como sujetos peligrosos a ser vigilados, reforzamos en ellos la emoción de la desconfianza y el miedo, alejándolos aún más de la posibilidad de sentirse miembros legítimos de una comunidad.

El "obligacionismo" ha sido cruel. Hemos construido un sistema educativo que, al ser incapaz de trabajar con personas que por su naturaleza son exploradoras e inquietas, responde con la medicación, la represión o el abandono. La respuesta legislativa actual es una nueva forma de represión que no hace sino confirmar que la escuela se ha transformado en un espacio de malestar. Si no cambiamos la emoción que guía el convivir, seguiremos siendo cómplices de la mantención de esta cultura de violencia que solo se nos rompe en las narices de forma tardía.


Hacia una Pedagogía del Bienestar y la Re-legitimación

¿Para qué educamos? ¿Qué sentido tiene formar a otros seres humanos en este momento de mutación civilizatoria?. Estas son las preguntas que el legislador y el mundo adulto evaden. Una Pedagogía del Bienestar no busca solo innovar en lo didáctico; busca romper los paradigmas patriarcales de control para permitir que emerja una convivencia basada en el respeto, la legitimidad y la colaboración.

Necesitamos transitar hacia una neo-cultura matrística donde el bienestar no sea un accesorio, sino el eje central de toda acción pedagógica. Esto implica el abandono de la arrogancia adulta y el trabajo personal de los educadores y autoridades para soltar la tendencia a "enseñar" (instruir) y comenzar a acompañar el crecimiento de otros. El aprendizaje es una transformación en la convivencia, como dijera mi maestro Humberto Maturana y si convivimos en el miedo y la sanción, lo único que aprenderán nuestros jóvenes es a seguir replicando esa violencia.

No se trata de más recursos para vigilancia, sino de un salto emocional. Debemos transformar las escuelas en verdaderos espacios de encuentro humano, de calidez y confianza, donde la libre elección y la autonomía no sean solo palabras, sino realidades vividas. El camino punitivo solo nos garantiza perpetuar la enfermedad relacional de nuestra sociedad. La invitación es a volver a confiar, a mirar a nuestros jóvenes no como amenazas, sino como seres legítimos, y a construir, desde la quietud y la reflexión, espacios donde el bienestar de cada uno y una sea la garantía de la paz de todos y todas. Y desde la Pedagogía del Bienestar, sabemos que eso: Es Posible.

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